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Castilla y León en Gallego




La Xunta de Galicia, la Junta de Castilla y León, y la Junta de Extremadura contribuyen a defender y afianzar el patrimonio inmaterial que constituye el hecho de hablar gallego en ciertas zonas de las provincias de León y Zamora, además de la denominada ‘fala’ en la frontera entre Cáceres y Portugal.
     Un visitante pasea por la localidad  zamorana de Lubián y mira distraidamente el nombre de sus calles: Rampa das Barrelizas, Xogo dos Bolos, Concello… Demasiados nombres gallegos en Castilla y León para ser una casualidad.
     A 120 kilómetros de Lubián, en Villafranca del Bierzo (León), un llamativo cartel brillantemente resuelto por una joven artista local recuerda la celebración de la Festa do Maio como uno de los valores tradicionales del municipio. Mucha gente habla en gallego.
     Unos 430 kilómetros al sur del municipio berciano, el turista perplejo se detiene a la entrada del pueblo para examinar un gran rótulo bilingüe en el que se lee ‘San Martín de Trevejo. Sa Martín de Trevellu’. Ninguna de estas localidades se encuentra en Galicia.
     Más de tres millones de personas hablan la lengua gallega. Lógicamente, en A Coruña, Pontevedra, Lugo y Ourense, además de una colonia más o menos numerosa de descendientes de emigrantes en los países latinoamericanos.
     La emigración de gallegos hacia América, especialmente desde el último tercio del siglo XIX hasta bien entrado el XX, dejó, entre otros posos y como todo el mundo sabe, el hecho de que a los españoles se les llame genéricamente ‘gallegos’ en gran parte del continente americano.
     Lo que no es tan sabido es que la lengua gallega, que compartió con el portugués una importante parte del camino hasta pasada la Edad Media, permanece viva, incluso de forma reglada, en las provincias de León y Zamora. De hecho, el propio Estatuto de Autonomía de Castilla y León reconoce la presencia de la lengua gallega en el Bierzo Occidental y en Sanabria y garantiza su protección y respeto.
     La zona limítrofe entre León y Lugo y la línea que comparte el noroeste de la provincia de Zamora con la de Ourense facilitó una penetración de la lengua que siempre superó las líneas geográficas imaginarias para mantener una riqueza que demuestra la vida propia del idioma.
     Por añadidura, a los millones de gallegoparlantes se les pueden unir unos cuantos miles de personas que mantienen, con sus propias y llamativas peculiaridades, lenguas respecto a las cuales los expertos no llegan a ponerse de acuerdo, pero que tienen claras vinculaciones gallegas.



     Tal es el caso del lenguaje que todavía pervive en la parte occidental de Asturias, seguramente por la transmisión de la tradición oral, y, mucho más llamativo, por lo que merece un capítulo aparte, el de la ‘fala’, como se denomina la lengua que se habla en la provincia de Cáceres, muy cerca de la frontera con Portugal, concretamente, en las localidades de San Martín de Trevejo, Eljas y Valverde del Fresno. “Que quede claro que nuestra fala no es ni gallego ni portugués. No le debemos nada a nadie. Esto lo mantenemos nosotros sin una sola gramática y sin un solo diccionario porque lo hablamos en casa y en la calle desde que nos levantamos hasta que nos acostamos”, asegura con orgullo Máximo Gaspar Carretero, alcalde de San Martín de Trevejo o, como se dice en ‘mañego’, la lengua local, Sa Martín de Trevellu.

Reglada
La Junta de Castilla y León y la Xunta de Galicia mantienen desde hace más de una década una colaboración en virtud de la cual más de un millar de alumnos de las comarca de El Bierzo (León) y Sanabria (Zamora) estudian gallego opcionalmente en diferentes centros educativos.
     Algunos estudiosos aluden al acostumbrado término de la encrucijada de caminos para explicar la presencia de la lengua gallega en El Bierzo y seguramente tengan parte de razón, no en vano el Camino de Santiago cruza la comarca para establecer un estrecho vínculo con la cultura gallega.
     No obstante, hay que considerar también la mera proximidad geográfica, no sólo con Galicia sino también con tierras asturianas, para entender que el gallego tenga implantación, con matices propios, en la vida cotidiana de localidades como Cacabelos, Carucedo, Corullón, Ponferrada y Villafranca del Bierzo. “El gallego fue tradicionalmente despreciado por ser un idioma de la aldea. Todo el mundo chapurrea lo que puede, cambiando sin darte cuenta de registro y sin ningún conflicto. El problema empezó a llegar cuando se decidió reglarlo”, comenta Marisa Cela, profesora de música y presidenta de la Escola de Gaitas de Villafranca del Bierzo o Vilafranca do Bierzo, como se prefiera. “Ahora está asumida la ‘Festa do Maio’ y creemos que hacer los programas en un gallego que entiende todo el mundo no es ninguna falta de respeto”, se queja.


                 

     Pepo Nieto, profesor de percusión, nacido hace 44 años en Barcelona aunque criado en Villafranca, habla gallego “con quien sea necesario” y valora la tendencia “a ser bilingüe” de la gente del pueblo. “Muchas veces es una mezcla de palabras gallegas y castellanas. Hay alumnos con los que hablo en gallego porque me entienden mejor”, señala.
     La colaboración entre los gobiernos de Castilla y León y Galicia, convertida en un protocolo suscrito por ambas comunidades autónomas en 2006, ha permitido que en torno a 1.000 alumnos bercianos de Infantil, Primaria, Secundaria en diversos centros y hasta en la Escuela Oficial de Idiomas de Ponferrada y quince sanabreses en el colegio público Tuela-Bibey se beneficien de forma voluntaria del programa para la promoción de la lengua gallega en Castilla y León. “Cuando hubo que aplicar el convenio, el entonces director del colegio, Honorato Álvarez, se negó rotundamente, aunque hablaba el gallego de Hermisende. La buena voluntad de la directora actual, que es gallega, permite seguir aplicando el convenio. Sólo hay una hora semanal de Conocimiento del medio en gallego, que es algo testimonial pero sólo esa hora es muy importante”, comenta el alcalde de Lubián, y académico ‘correspondente’ de la Real Academia Galega, Felipe Lubián. “Es académico ‘correspondente’, es decir, sin letra o número asignado. Como si fuese no numerario en la Española”, explica.



     Felipe Lubián es una de las personas designadas por la Real Academia Galega como académico por su defensa del gallego que se habla fuera de Galicia, como ocurre con Carlos Aenlle en Asturias, con Héctor Silveiro en El Bierzo y con Domingo Frades en Extremadura.
     Entre los 512 núcleos de población que hay en la provincia de Zamora, hay catorce en la Alta Sanabria que tienen como lengua el gallego: Padornelo, Aciberos, Chanos y Castrelos, del término municipal de Lubián; Hedroso, La Tejera, Castromil, San Ciprián, del de Hermisende; Barjacoba y Villanueva de la Sierra, de Pías, y la localidad de Porto viven, sienten y se desenvuelven en gallego.
     En cuanto a las peculiaridades lingüísticas de Lubián, se trata de un gallego oriental salpicado por vulgarismo, como el propio castellano. “Esos vulgarismos persisten por no haber estudiado gallego en la escuela”, señala Lubián.
     Lubián recuerda que el gallego oriental está “menos evolucionado” y que resulta “más cercano al latín, porque éramos un reducto”, en alusión al tradicional aislamiento de la Alta Sanabria. “La lengua se ha conservado a lo largo de siglos. Sin ayuda de ningún tipo, desde que Javier del Burgo nos desvinculó de Galicia, ya es un milagro que se siga hablando gallego por aquí”, dice. “A lo mejor ha sido por la actividad económica primordial, que era la ganadería. Con los animales se habla aunque no te contesten”, bromea.



    El gallego en la provincia de Zamora, aun teniendo una presencia mucho menor que en la comarca leonesa de El Bierzo, tiene características especiales, como atestigua el mero sonsonete que aplica cualquier habitante de Porto de Sanabria al expresarse en un gallego que, de hecho, se denomina ‘porteixo’. “Su entonación cantarina es fantástica. Fucheeees…”, sonríe. “¿Entón no viche o pincheirooooo?”, como le preguntó un jinete cuando hace muchos años pinchó una rueda del coche en la entonces no asfaltada entrada al pueblo. “Ser zamorano y hablar gallego es estupendo. Castilla y León, que tiene un territorio tan amplio, tiene que proteger estas peculiaridades que forman parte de su patrimonio cultural”, anota.
     Y como ocurre siempre, nunca llueve a gusto de todos y la polémica permanece abierta respecto a la consideración de la lengua según sea tradicional y de uso habitual o, simplemente, patrimonial. Hay varias asociaciones vinculadas a la Plataforma en Defensa del Gallego y del Leonés que se quejan de un apoyo “escaso” hacia el gallego y “nulo” hacia el leonés. “En Asturias, el astur-llionés pretende colonizar y decir que todo lo que allí no es castellano es asturiano. Hay una polémica permanente viva y machacan desde la Academia Asturiana a las personas que resaltan por su trabajo en conservar y decir a viva voz que se trata del gallego asturiano, que nada tiene que ver con el llionés”, condena Felipe Lubián, en defensa del etnógrafo y geógrafo gallego Carlos Aenlle, académico ‘correspondente’ de la Real Academia Gallega. “En León se está defendiendo el lleunés, quedando vestigios del astur-leonés. Ellos reconocen que hay que defenderlo y promocionarlo pero parece que no se ve bien que aquí hagamos lo mismo con el gallego”, comenta Marisa en Villafranca del Bierzo.
     También hay críticos recalcitrantes que cuestionan la utilidad de hablar lenguas como el gallego, aunque suelen recibir escasa consideración, ya que es de común acuerdo que el mejor vehículo para la cultura es el lenguaje y mejorar las posibilidades lingüísticas, sea en la lengua que sea, amplía las opciones y hace más libre a la persona. “Me han acusado de no saber lo que digo y de ser esperpéntico por hablar y defender el gallego, como ha dicho algún ilustrado en algún periódico. Por un lado me hace sonreír y por otro, me entra un cabreo terrible”, reconoce Felipe Lubián. “Cuando lo hablas, a nadie le parece mal, pero cuando lo pones por escrito, aun después de tantos años de intentar potenciarlo, siempre hay alguien a quien no le parece bien”, lamenta Marisa Cela.



     Entretanto, la Junta de Castilla y León mantiene su defensa de los gallegohablantes de la Comunidad autónoma sin descuidar los otros frentes. Sin ir más lejos, la Administracion regional tiene previsto dar próximamente un espaldarazo al bilingüismo en francés con intercambios de alumnos y formación específica para profesores de la Comunidad autónoma, merced a un convenio con la Embajada francesa en España y, de hecho, hay una veintena de centros educativos vinculada al programa. Por lo que se refiere a los colegios bilingües en inglés, hay más de 130 en Castilla y León. “Podemos hablar gratis dos idiomas, sólo por haber nacido en esta zona. Habría que dar un paso más y reconocer que todo el mundo tiene derecho a conocer la lengua que, además, le va a facilitar el aprendizaje de otras porque otro idioma no va a restar capacidad de aprendizaje sino todo lo contrario”, anota Marisa con vehemencia.

A Fala
Separado de Portugal solamente por los 1.500 metros de altura del monte Xálama, en la provincia de Cáceres, se encuentra san Martín de Trevejo, una localidad de apenas 1.000 habitantes, que ha conseguido destacarse con un producto turístico de primer orden: la ‘fala’, considerada como “uno de los brotes de la lengua gallego-portuguesa medieval”, según se señaló en las conclusiones del primer congreso que se celebró sobre la Fala, en el año 2007.
     Los habitantes de este pueblo de la Sierra de Gata, junto con los de Valverde del Fresno y Eljas, se distinguen por la utilización de un lenguaje tan peculiar que fue declarado en 2011 Bien de Interés Cultural por la Junta de Extremadura y que ha suscitado un enorme interés en los lingüistas, los etnógrafos y los medios de comunicación, además de la de los propios gallegoparlantes. “Se parece mucho al gallego pero no es gallego ni es portugués, eso tiene que quedar claro”, advierte José Manuel González, quien trabaja desde hace catorce años en ‘O bar de Ángel’, en la Plaza Mayor de Sa Martín de Trevellu, como reza el cartel bilingüe a la entrada del pueblo.
     Antes de volver a su tierra natal, José Manuel pasó 20 años en Suiza, así que de idiomas sabe un rato. “Hablo un poco de alemán, italiano, portugués y mañego, que es el nuestro”, dice con orgullo. “Cada pueblo tenemos un deje diferente que se distingue perfectamente. Este pueblo suena mucho y se ha hecho famoso por su lengua. De hecho, es el pueblo más visitado de la Sierra de Gata”, agrega.
     Los sanmartiñegos –de cuyo apócope viene la propia denominación del mañego- saben lo que se traen entre manos al defender lo suyo y al potenciar hasta el extremo una peculiaridad que hace única a la zona. La puerta del bar de Ángel muestra un rótulo que dice ‘Empurrial’ para invitar al cliente a empujarla y, al salir, el aviso ‘Puixal’ indica que hay que tirar de ella.



     De esta forma, las calles de la localidad y cualquier dato que pudiera resultar de interés para el visitantes se presentan en elegantes rótulos bilingües, desprovistos de cualquier interés político separatista. “Las costumbres y la cultura de este pueblo son tan valiosas como la fala, por no hablar de sus gentes pero recibimos con cariño y alegría a todo el mundo”, afirma Máximo Gaspar Carretero, de 73 años y que cumplirá 20 como regidor al término de este mandato. “¿Te falo castellano o mañego?”, dice con amabilidad en su despacho del Ayuntamiento.
     Según anotan expertos como el académico correspondiente de la Real Academia Galega, Domingo Frades, estas tierras fueron repobladas en los siglos XI y XII con familias enteras procedentes de Galicia, Asturias y León, que conservaron un idioma de expresión “tan sólo oral hasta bien entrado el siglo XX”.
     La fala adquirió tal nivel de implantación entre los aproximadamente 5.000 habitantes de la zona, que ha logrado mantenerse durante más de nueve siglos y ha llegado a perfilar características propias en pueblos que distaban uno de otro apenas una decena de kilómetros. De esta forma, en San Martín de Trevejo se habla el ‘mañegu’; en Eljas o As Ellas, el ‘lagarteiru’, y en Valverde del Fresno o Valverdi du Fresnu, el ‘valverdeiru’. “Aunque lo que hablamos no es gallego, tenemos mucho que ver con ellos, como en el carácter, por ejemplo. Sin ir más lejos, en Moaña hay dos olivos de San Martín”, apunta el alcalde. “Cuando voy a Galicia, todo el mundo me entiende, pero no me pasa lo mismo en Portugal”.
     En Valverde del Fresno, Jesús Joaquín Lajas, gerente del hotel La Palmera, se ha hecho tremendamente popular, sobre todo entre lingüistas, etnógrafos y periodistas, a los que ha servido casi de cicerone durante dos décadas. “Siempre que se trata el tema, alguien termina hablando conmigo. Yo hablo en casa solamente la fala y estamos muy orgullosos de ser valverdeñus”, en alusión al gentilicio de la localidad. “Por aquí pasan constantemente portugueses y es como una pequeña ciudad, quizá un poco más abierta por su condición fronteriza”, dice, aunque reconoce que no ha conseguido rentabilizar como localidad la fala desde el punto de vista turístico, al menos, no tanto como sus vecinos de San Martín.
     Desde esta preciosa localidad de la Sierra de Gata apenas hay 500 kilómetros hasta Moaña, donde poder contemplar cómo crecen esos olivos que representan el sentimiento de un pueblo transmitido de generación en generación.






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