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El triángulo de las regiones


Los habitantes de tres pueblos casi colindantes de Castilla y León, Galicia y la Región Norte de Portugal exponen su parecer sobre las iniciativas que pueden cambiar el mapa político en los próximos años: La posible reducción del número de ayuntamientos y la esperanzadora Macrorregión del Suroeste Europeo.
     Las localidades de Castromil (Zamora), Cádavos (Ourense) y Moimenta (Portugal) marcan los vértices de un triángulo escaleno que tiene la peculiaridad de compartir en una superficie de unos 20 kilómetros cuadrados tierras de Castilla y León, de Galicia y de la Región Norte de Portugal.



     Castromil, Cádavos y Moimenta forman parte de las tres regiones que conforman la denominada Macrorregión del Suroeste Europeo, constituida en septiembre de 2010.
     La Macrorregión, que abarca una superficie total cercana a 150.000 kilómetros cuadrados, nace con el marchamo de “espacio de cooperación” entre tres territorios que “tienen mucho que compartir a través de elementos comunes”, según señaló entonces el consejero de la Presidencia de la Junta de Castilla y León, José Antonio de Santiago-Juárez. “Se trata del germen de un proceso interregional y transnacional para anticiparse al nuevo escenario de financiación europea”, añadió.
     Con la idea de que la unión hace la fuerza, y más en el apocalíptico escenario internacional de crisis económica, los gobiernos de las tres regiones pretenden mejorar el bienestar y la prestación de servicios a los más de nueve millones de habitantes que viven en esta parte del suroeste europeo.
     Mientras los acontecimientos se precipitan en instancias supranacionales para este ambicioso y esperanzador proyecto, las comunidades autónomas españolas participantes y la Región Norte de Portugal se encuentran en plena ejecución de todo tipo de programas para capear el temporal económico. Entre ellos, se contempla la posible reducción del número de ayuntamientos como una de las recetas para reducir el gasto público al tiempo que se refuerza la oferta de servicios.
     La comunidad autónoma de Castilla y León, como la mayor región de Europa que es, tiene 2.248 ayuntamientos, es decir, casi el 28% de los que hay en España, pero con la particularidad de que en ellos vive menos del 6% de la población nacional, con una notable dispersión geográfica.
     Por añadidura, más del 75% de las poblaciones de Castilla y León tienen menos de 500 habitantes, lo que supone una gran complicación a la hora cumplir los criterios lógicos de eficiencia social y económica.

Castromil
Una de esos pueblos es Castromil (Zamora), localidad situada casi 170 kilómetros al noroeste de la capital de la provincia, flanqueada por los parques naturales del Lago de Sanabria y sus Alrededores y el de Montesinho (Portugal), y en la que vive un centenar de personas. “Aquí vivimos bien aunque tampoco estaría mal vivir en un sitio con todos los servicios”, reconoce Ignacio Nieto. Tras una vida dedicada al ganado, a sus 72 años, está en plena forma para la matanza de cuatro cerdos, que ya van camino de 24 horas de oreo antes de que los ‘desarmen’, como dicen en la zona. “Lo que comemos es calidad porque están alimentados con patatas y cereales”, asegura con orgullo.

     Ignacio, que vivió la llegada de la luz eléctrica al pueblo, a finales de la década de 1950, dice sentirse “profundamente” zamorano a pesar de la extrema proximidad a Galicia. De hecho, más de un vecino paga impuestos en Zamora y en Ourense por tener tierras a ambos lados de la linde imaginaria. “La tierra de los padres es lo que le tira a uno y por muy duros que sean los inviernos seguiré aquí. Aquí vivimos bien y no creo que nos viniera bien que se cambiase lo de depender de Hermisende”, insiste.
     Castromil cuenta con dos bares –el Petril y A Cruz da Touza-, una tienda de ésas en las que se encuentra de todo y “la buena carnicería” de Jesús González, según detalla Ignacio. En el Castromil de Ourense apenas hay una decena de casas abiertas todo el año y entre los cien habitantes de la de Zamora sólo hay media docena de escolares, que acuden al colegio de A Mezquita, en tierras orensanas.
     Por lo que se refiere a los servicios sanitarios, reciben la visita del médico los lunes alternos y todos los miércoles y el hospital de referencia es el de Zamora aunque disfrutan del convenio entre la Junta de Castilla y León y la Xunta de Galicia para poder ser atendidos en Verín, “que está a poco más de 50 kilómetros y nos queda mucho más a mano”.



     El sentir territorial está bien arraigado en la Alta Sanabria, donde las cosas han cambiado siempre “a su ritmo” y donde las crisis se viven “de otra forma”, según comenta Eulogio Tamerón, fontanero de 59 años en paro. “La crisis es una cosa mala”, musita con pesar. “Se vive muy bien y me gusta todo de Castromil. Yo me casé en Lugo pero la gente de aquí me gusta. Vivimos bastante bien y tenemos todo lo que necesitamos”, afirma. “No me gustaría que Castromil dependiera por ejemplo, de Puebla de Sanabria. Estamos bien como estamos, dependiendo de Hermisende”, concluye.
Ana Belén Nieto que, a sus 39 años, regenta desde hace cuatro la casa rural ‘A Cruz da Touza’, coincide con Eulogio al señalar que “se vive muy bien” en Castromil. “Se puede comer, dormir, tenemos dos bares, una carnicería, una tienda pequeña, panadería y autobuses martes y jueves”, enumera. “La relación con Galicia es muy buena, mejor que con Zamora aunque yo me siento más zamorana”, precisa.
     Ana Belén, que es la mujer del alcalde de Hermisende, el socialista José Ignacio González, no formula una opinión respecto a la conveniencia o no de aglutinar ayuntamientos pero aprovecha la coyuntura para lanzar una crítica sobre la máquina quitanieves: “Llega antes la de Galicia que la de la Diputación de Zamora”.
     Los datos que recoge el ‘Instituto Galego de Estatística’ son espectaculares por lo que la organización territorial se refiere. Con 30.100 entidades singulares, un total de 315 ‘concellos’ (ayuntamientos), casi 3.800 parroquias y en torno al 54% de núcleos de población con menos de 1.500 habitantes.


     Siempre oficiosamente, en Galicia se venía hablando de un umbral de eficiencia de 5.000 habitantes para optimizar los servicios públicos de todo tipo. En Castilla y León, también de forma oficiosa, bullía desde hace años la cifra de 3.500 personas para poder ofrecer los mejores servicios al coste más razonable y el actual presidente de la Comunidad autónoma, Juan Vicente Herrera, decidió tomar cartas en el asunto y atajar parte de la crisis con una iniciativa que llevaba desde hace años en boca de muchos foros sociales y políticos pero siempre como una idea sine die.
     Así, tras la victoria en las elecciones autonómicas de mayo de 2011 y con una nueva legislatura por delante, Herrera ratifica en su discurso de investidura en la conveniencia de la “unión voluntaria” de municipios en distritos de “interés comunitario” para dirigir de un modo político y controlado lo que, en otro caso, parece que la propia crisis económica podría inducir a su modo. “O nos movemos, o las circunstancias nos moverán”, urgió.

Cádavos
A cuatro kilómetros de Castromil se encuentra Cádavos, una localidad dependiente de A Mezquita y en la que hay unas 40 casas abiertas en invierno. Un centenar de habitantes, cuatro niños que estudian en A Mezquita, donde también es necesario ir para recibir atención médica. Sólo hay un bar, el de Morenete, y no hay tienda. Por eso los vecinos acuden a la de Manzalvos, aunque muchos van a comprar a Verín. Dos veces por semana pasa el autobús. “Se vive regular. La gente que puede tiene que ir a trabajar fuera por toda la zona e, incluso, Madrid. La crisis se va llevando como podemos”, expone Manuel Fernández, de 56 años, mientras lava cuidadosamente unas cubas para poder llenarlas de vino con todas las garantías. “Se vive regular”, insiste. “Se cultiva maíz, centeno, patatas y castañas y hay vacas y ovejas”, anota.
     Manuel, quien sufre la crisis desde el sector de la construcción y que piensa ni por asomo dejar atrás su tierra por muy buenos que fueran los servicios que le ofrecieran en otro lugar, no se muestra proclive a la reducción del número de ayuntamientos pero hace una salvedad maliciosa: “Por un lado me parecería mal que se unieran ayuntamientos porque habría que desplazarse más lejos para muchas cosas pero, por otra parte, dejaríamos de pagar algunos sueldos que son casi inútiles”, dice con una sonrisa. “Me refiero a algunos políticos”, aclara.
     Por su parte, José Fernández, ferrallista de 56 años, nacido en Cádavos y casado con Fátima, de Casares (Vinhais, Portugal), se muestra más pesimista ante el futuro cercano. “Todo está muy complicado. No he visto cosa igual. Antes, los que tenían vacas hacían algo pero ahora, nada de nada. Si tuviera la oportunidad, me iría del pueblo pero a la edad que tengo, ya es muy complicado”, se lamenta. “Solo hay un bar y no tenemos tienda ni nada, aunque vienen los vendedores ambulantes”, apunta. Respecto a la reordenación administrativa, no ve con buenos ojos que se “puedan eliminar” ayuntamientos porque “si hay que ir a A Mezquita, es un paso, pero para ir a La Gudiña ya hay que alquilar un taxi”.



     El único local de hostelería de Cádavos es el bar Rosario, que ocupa un local muy pequeño. A media mañana, media docena de clientes leen el periódico y ven la televisión. Levantan la mirada con curiosidad ante la llegada de extraños preguntones. “El bar se llama como mi mujer, que es la que corta el bacalao. El bar no es mío”, dice con un guiño Francisco Antonio García, de 45 años, que regenta el establecimiento desde hace doce años. “Éste es un sitio tranquilo para vivir. Cada uno tiene sus cosas y en los pueblos parece que la crisis se nota menos”, explica. “El que vive en el pueblo vive bien. La mayoría son gente jubilada, lo que quiere decir que nuestro problema es que no nacen niños”.
     Francisco, que preside la comunidad vecinal de montes de Cádavos, compuesta por 35 personas, apuesta mucho más por los proyectos que por las quejas. “El futuro de los pueblos debería ser mejor. Aquí hay mucho todavía por explotar, como la castaña o las setas. Esta zona no es más rica que las del entorno pero tenemos la ventaja de estar al lado de una carretera importante”, recalca. “Si se quitan ayuntamientos, a nosotros nos perjudicaría, por ejemplo pasar a depende de A Gudiña. Habría gente mayor que tendría que pagar un taxi y es un gasto que seguramente no podrían afrontar”, expone.



     A las afueras del pueblo, un grupo de mujeres vienen por la carretera, con botas de agua y charlando animadamente. Rosa Coutiño tiene 50 años y es auxiliar de ayuda a domicilio. Forma parte de la comitiva, que viene con varios baldes llenos de tripas de cerdo recién lavadas. El triángulo de Castilla y León, Galicia y Portugal comparte costumbres y tradiciones como la matanza, que se percibe en múltiples frentes.
     Las mujeres hablan con paciencia sin soltar los baldes, de manera que la conversación tendrá que ser rápida. “Aquí se vive bien pero le falta un poco más de vida”, dice Rosa.
     Respecto a la posibilidad de que disminuya el número de ‘concellos’, se repite como un mantra la idea que pronuncia una de las aompañantes: “Si pagan el gasóleo para ir a las consultas… Tenemos todo bastante céntrico aquí y no queremos dejar el pueblo porque tenemos aquí nuestras raíces y nos gusta mucho”, señala. “Aquí siempre vamos a sobrevivir con nuestros cerdos, verduras, patatas, huevos, gallinas. Conejos. Hambre no pasamos. Dinero no hay pero vivimos bien”, apostilla. “En muchas ciudades querrían vivir como vivimos nosotros”, rubrica otra.

Moimenta
Desde Cádavos hasta la frontera con Portugal apenas hay un par de kilómetros y Moimenta se encuentra a otros seis. Se trata de una de las 35 ‘freguesias’ (equivalente a las pedanías en Castilla y León o a las parroquias en Galicia) de Vinhais, que es uno de los distritos que configuran la Región Norte de Portugal, junto con los de Viano do Castelo, Braga, Oporto, Vila Real, Bragança y ciertas zonas de Aveiro, Guarda y Viseu.
Después de haber llegado a tener casi 2.000 habitantes en su mejor época, poco más de 200 viven actualmente en la localidad para poder hablar de la zona estratégica en la que se encuentran.
     Y es que a poca distancia del pueblo se encuentra el lugar donde, al parecer, se dieron cita los reyes medievales de Castilla, Galicia y Portugal para fijar los límites de sus reinos, lugar en el que se encuentra la denominada ‘Fraga dos tres reis’, para los lugareños, ‘Penedo dos tres reis’ para los orensanos y ‘Penedo do mozo’ para los zamoranos.
     De vuelta a la actualidad, Moimenta basa su riqueza en la cría de vacas y en la agricultura, hay una tienda, dos bares y cuenta con media docena de niños que van al colegio a Vinhais, hacia donde sólo circula un autobús “y no cada día”, según cuenta Maria, la mujer del exalcalde, que sale de estampida desde la verja de su casa a cambiarse de ropa al ver al fotógrafo de ReportCyL diciendo en voz alta: “Meo deus. Con bata”.
     Ya con nueva indumentaria, Maria cuenta con inquietud que el médico acude a Moimenta cada dos semanas. “Es poco y a lo mejor lo quitan y tenemos que ir a Vinhais. Cuando viene el médico tiene a más de veinte personas para atender en una mañana”, comenta. “Unir ayuntamientos tendría su lado bueno por la reducción de costes para el Gobierno y para los ciudadanos”, afirma.

     Por su parte, Julia Pires, de 59 años, indica que en la localidad “se vive bien dentro de lo que cabe” y que, aunque la crisis “nos ataca a todos”, sería “perjudicial” para el progreso del pueblo “que se perdiera el representante político que ahora tenemos” y que resulta ser su esposo.
     A sus 60 años, Duarte Pires, es el alcalde de Moimenta. Fue ‘guardinha’ en la época del contrabando tardío, el de los cafés Palmeira, Sical y Montenegro, y tiene claro su parecer sobre la atomización del poder político. “Estos pueblos que están tan apartados necesitan ayuda directa. Hay que estar aquí, sobre el terreno”, defiende. “La gente en Portugal está dividida respecto a reducir el número de ayuntamientos, sobre todo en estos pueblos pequeñitos. De momento, no se contempla eso porque sería políticamente muy negativo para el partido que lo promoviera”, concluye. “La crisis es tremenda y todavía va a empeorar. El pobre se está haciendo más pobre. Habría que igualar las cosas por arriba y no por abajo”.

     En este sentido, Pires se muestra muy interesado por el desarrollo “positivo” de la Macrorregión, que califica de “esperanza” para los territorios implicados, no en vano pretende aglutinar los esfuerzos que suponen casi la cuarta parte de la Península Ibérica, más del 15% de sus habitantes y más del 12% del PIB.



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