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Semana Santa en Bercianos de Aliste


  “Esencia que resiste al tiempo”
 

      
Entre fallar a espadas y asistir a bastos, José Pérez recuerda con nostalgia sus inicios como cofrade de la Santa Cruz de Bercianos de Aliste, a la que pertenece desde hace 42 años. “Antes era diferente, la esencia se mantiene, lo importante sigue siendo igual, pero ha cambiado, me cuesta explicarlo. La procesión ha cambiado porque también ha cambiado la vida”.
 Es viernes de cuaresma en esta pequeña localidad alistana y la partida de tute es un clásico también para Marciano Pérez, que es cofrade desde hace más de treinta años y recuerda cómo cuando él era pequeño “no venía nadie a ver la procesión, casi ni la gente de la zona, y los pocos que venían lo hacían a pie, hasta  5 kilómetros recorría mi amigo Juan a los 6 años, con su madre, para ver la procesión de las mortajas blancas, sin embargo ahora se ha hecho muy famosa”.
Hablan con pasión y devoción de la Semana Santa de su pueblo porque es sin duda el momento álgido en la vida de esta localidad zamorana y su seña más importante de identidad cultural. Sin embargo, José  mira con cierta resignación por el retrovisor de la memoria al hablar de sus recuerdos. “Cuando yo entré de cofrade íbamos descalzos y por un camino de tierra y pedruscos, ahora llevamos zapatillas y vamos por la carretera. No es que me parezca mal, es lo que ha pasado, es la vida, se ha ido modernizando todo, pero hace 35 años esto era distinto”.

 Aunque el Jueves Santo la Cofradía de la Santa Cruz también procesiona en Bercianos con las capas pardas, José y Marciano se refieren al día grande, el Viernes Santo, cuando por la tarde tiene lugar la procesión del Santo Entierro y la localidad revive su tradición más ancestral. “A las cuatro ya estamos todos los cofrades reunidos en la iglesia para prepararlo todo”, nos cuentan. “Tras el sermón del Descendimiento, dos sacerdotes son los encargados de bajar al Cristo de la Cruz para colocarlo en la urna”, explica Marciano, aunque José añade que los curas ya les han avisado “de que nos tenemos que ir acostumbrando nosotros a hacerlo cualquier día de estos, porque quedan tan pocos sacerdotes que a lo mejor algún año no pueden venir. Te das cuenta, todo son cambios”, comenta con una sonrisa.
En ese momento Bercianos ya está abarrotado de público, vecinos de los pueblos colindantes, habituales de esta cita, turistas esporádicos y demás curiosos guardan un respetuoso silencio durante la preparación de la procesión. En los últimos veinte años la expectación en torno a la Semana Santa de Bercianos no ha parado de crecer, “ha habido años en los que la gente se sube a los tejados de las casas para poder verlo todo bien, un año incluso se hundió un tejado y casi hay un disgusto, pero por suerte quedó en nada”, señalan.

Procesión
La procesión se pone en marcha. Primero los jóvenes que no pertenecen a la cofradía portando los pendones, después la mayoría de los cofrades con la vestimenta blanca, la mortaja, y llevando a hombros la urna con el Cristo. Tras ellos, ataviados con la capa parda o alistana, los cofrades que llevan solo un año en la hermandad, los viudos y los cofrades más mayores.

  Cerrando la comitiva las mujeres, antes vestidas completamente de negro, ahora, ya con más variedad. Así lo recuerda Carmen Blanco, cofrade desde hace más de treinta años, ya que cuando ella entró “todas iban de negro, las solteras con velo y las casadas con un pañuelo y una toquilla”. Todos caminan cantando el Miserere, los hombres en latín, las mujeres en castellano.
Durante el recorrido la procesión sale del pueblo y asciende hasta el monte del Calvario, situado a las afueras de Bercianos. Allí los cofrades realizan una reverencia ante las cruces y regresan a la iglesia. El recorrido de la procesión ni lo que en ella se hace es excesivamente especial. Pero en su entorno, en pleno campo, con esas mortajas, y con el sonido del Miserere siempre presente, la tarde del Viernes Santo en Bercianos se recubre de un aura especial.

Buena parte de la popularidad que ha adquirido esta procesión se debe, no sólo a que sus orígenes se remonten al siglo XV, sino también a sus vestimentas. Especialmente la blanca, conocida como mortaja porque es la ropa con la que cada cofrade será enterrado. Aunque a muchos, como al presidente de la Cofradía, Fernando González, no les guste denominarla así, “porque para los que vivimos aquí eso no es la mortaja, es una túnica con la que procesionamos toda nuestra vida, y el día que te mueres te la ponen. No hay que buscarle otro significado”. Esta mortaja, de tela de lino blanca que cubre también la cabeza, tradicionalmente la tejía la mujer de cada cofrade cuando ambos entraban a formar parte de la hermandad como matrimonio.
En las últimas décadas, la Semana Santa de muchos lugares ha evolucionado marcada por la polémica entorno a la presencia de las mujeres en las diferentes cofradías, eso no ha ocurrido en Bercianos, “porque aquí las mujeres siempre han salido en la procesión, al final, y sin ningún problema”, apunta Marciano.

     Así lo afirma también Carmen  que indica que las mujeres siempre se han sentido “muy integradas en la Cofradía, porque aquí cada uno tenemos nuestro papel y todos somos importantes”.
Para entrar a formar parte de la Cofradía de la Santa Cruz “ahora, sólo hace falta ser mayor de edad y se puede estar soltero, porque antes entraba el matrimonio junto, ahora ya no”. Los requisitos de la Cofradía han ido cambiando también con el paso de los años. “Antes era más exigente. La vida del pueblo durante todo el año estaba marcada por la Cofradía, por ejemplo, cuando moría un cofrade eran el resto de hermanos de la Cofradía los que cavaban la hoya para enterrarle y le vestían con la mortaja”. En esa misma línea, José  recuerda también que  todo el pueblo asistía a la misa por su alma el domingo siguiente, y a la salida la familia del fallecido “ofrecía pan y vino a los asistentes”, estas tradiciones ya se han perdido.
Carmen recuerda cómo antes “había incluso sanciones para los que se saltaban la rutina de la Cofradía, cada vez que no se iba a un entierro o a las misas de Cuaresma, ese cofrade tenía que pagar un kilo de cera a la Cofradía”.


  Esos requisitos tan férreos fueron los que retrasaron la entrada de ella y su marido en la Cofradía, “porque cuando nos casamos mi marido ya tenía el bar en el pueblo y, claro, había días en los que no podía ir a alguna celebración por estar atendiendo el negocio y por eso tardamos en entrar”, comenta con cierta resignación ya que en este viernes de Cuaresma a ella le tocará quedarse en el bar y  tampoco podrá ir a rezar el rosario ni a ensayar el Miserere. Los que sí van son José y Marciano que al acabar la partida de tute y ataviados con sus capas alistanas se dirigen a la Iglesia como el resto de los vecinos.
Pero lo que no ha cambiado nada, es la gastronomía; desde siempre el potaje de garbanzos con arroz, bacalao y espinacas es el plato que se come en Cuaresma  en Bercianos de Aliste, y también el  pulpo a la sanabresa, de carne nada de nada, a no ser que, como pasó un año que vino un Cura nuevo al Pueblo, a los que pagaron “la bula” les permitió comer carne y ese año se mataron muchos corderos. Los pobres siguieron con el pulpo.
 

Despoblación
 Bercianos fue el primer pueblo de la comarca de Aliste que tuvo teléfono. “Era el único que durante mucho tiempo superó los cuatrocientos habitantes, había mucha más vida en el pueblo”, cuenta José Pérez con nostalgia de un tiempo que casi ni él conoció. A lo largo del siglo XX, Bercianos fue perdiendo población y hoy es una pedanía del Ayuntamiento de San Vicente de la Cabeza.
El momento más preocupante de esa situación llegó a partir de la década de 1960 y también afectó a la Cofradía. José rememora cómo entonces “apenas había cofrades suficientes para poder llevar la urna con el Cristo, la mayoría eran muy mayores y la urna pesa más de doscientos kilos, durante muchos años la continuidad de la Cofradía estuvo delicada”. Así lo recuerda también Fernando: “cuando yo entré salíamos en procesión poco más de cincuenta, y ahora somos 130 sólo con la vestimenta blanca y en total salimos en procesión 240”. Él, que también es el alcalde de San Vicente de la Cabeza, comenta que ahora “hay más cofrades que empadronados en el pueblo, que somos 190”.
     Esa buena situación de la Cofradía hace que algunos jóvenes del pueblo, como Óscar Pérez, aún no se planteen formar parte de la misma. “Estoy preparado en el banquillo para cuando haga falta, de momento en la procesión voy con el pendón, y siempre que hace falta echo una mano en la Cofradía. Ya me meteré de cofrade para cuando sea más necesario”.

Interés turístico
En el mes de julio de 2011, la Semana Santa de Bercianos de Aliste fue declarada de Interés Turístico Regional. Un reconocimiento merecido a la peculiaridad y tradición de esta celebración que llega después de tres años de trámites y gestiones encabezadas por el presidente de la Cofradía. “Ha sido una satisfacción la declaración porque ha habido mucho trabajo detrás; ahora estamos esperando que nos respondan a la petición de Bien de Interés Cultural, que eso lo tramitamos antes aún, hace seis años”, comenta Fernando, que también es el alcalde desde hace menos de un año, “aunque eso es casi un favor, porque a mí lo que me gusta es la Cofradía”.
De momento aún no han recibido dinero alguno por haberse convertido en Interés Turístico Regional. “Ahora la economía está muy mal y se nota también en esto, todos lo sabemos, estamos esperando a ver qué pasa y ojalá nos puedan dar algo, porque nos vendría muy bien para afrontar los gastos que tenemos”. Fernando repasa las cargas económicas del Santo Entierro, “la restauración de los pasos, conservar la sede social junto a la iglesia, las necesidades de funcionamiento y afrontar imprevistos como lo que nos pasó el año pasado, cuando unos vándalos destrozaron parte de las cruces de piedra y tuvimos que restaurarlas”.
Aquél fue un duro golpe para los cofrades de la Santa Cruz. En marzo del 2011, tres de las cruces del Calvario fueron destrozadas en un acto incomprensible.

  “Fue muy triste, pero lo importante es que las restauramos y ojalá no vuelva a ocurrir”, comentan todos ellos, al equipo que hemos realizado este reportaje y que les hemos acompañado este día, viernes de Cuaresma, camino de la Iglesia a rezar el rosario y ensayar el Miserere. 

 En cualquier caso, ni siquiera un acto vandálico de ese tipo puede afectar ya a una tradición tan asentada y que goza de tan buena salud. Son días de recogimiento y reflexión en esta localidad de la Castilla profunda y tan próxima a Portugal. Carmen  observa cómo “ahora viene mucha gente a ver nuestra Semana Santa aquí, pero ya no es como antes que había más devoción también entre los que venían a verlo, más fervor, quizás  ahora se ha convertido en algo vistoso para los turistas que vienen, para la gente de fuera, pero para nosotros sigue significando lo mismo, sigue siendo la Pasión de Cristo”.



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