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La fuerza que nos sobrevuela



     "En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo; y, así como don Quijote los vio, dijo a su escudero:
–La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear, porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta, o pocos más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas..." Pese a los intentos de Sancho Panza por detenerle, don Quijote espoleó a Rocinante y emprendió la lucha contra sus gigantes. Si hoy al Ingenioso Hidalgo le diese por volver a recorrer los campos sobre su corcel, se encontraría con gigantes más grandes, más altos y seguro, para su ilusión y ensoñación, más fieros. Aquellos modestos molinos de viento han dado paso a los colosales aerogeneradores.

Astudillo (Palencia)
     Uno de los lugares donde más fascinación encontraría Don Quijote sería, sin duda, entre Astudillo (Palencia) y Pedrosa del Príncipe (Burgos), allí donde el río Pisuerga desciende serpenteante hacia el sur, en busca del río Duero, se encuentra uno de los complejos eólicos más grandes de España.
Aula de la energía en Astudillo
     La visita comienza en el Aula de la energía de Astudillo, diseñada para que los escolares puedan tener una primera aproximación al mundo de las energías renovables y, especialmente, al de la eólica. Sara Moreno y Alicia Solorza son las encargadas de explicar a los cientos de escolares que pasan por allí cada año cómo es posible transformar el viento en energía eléctrica, o la luz del sol en agua caliente.
     ¨Con la eólica lo primero que hacemos es aclarar los términos, para que no haya confusiones, porque mucha gente tiene la idea preconcebida de que son molinos eólicos, pero aquí no se muele nada, aquí el recurso natural del viento se utiliza para producir energía, por eso son aerogeneradores. Tampoco son aspas, son palas, con forma aerodinámica para aprovechar el viento al máximo¨, explica Sara Moreno.

Aula de la energía en Astudillo
     Con una lograda maqueta en el mismo blanco naval de los aerogeneradores reales explican cómo es el acceso, qué hay por dentro, las tripas, el funcionamiento necesario para convertir el viento en energía. Que suena sencillo aunque no lo sea y sigue siendo fascinante.
     La parte lúdica también está orientada al aprendizaje. Los escolares terminan la visita construyendo una maqueta, adaptada a la edad y el nivel educativo, para demostrar que ellos ya están capacitados para convertir los recursos naturales en energía. Cucharillas de helado convertidas en palas hidráulicas, un aerogenerador con piezas de madera o un cargador solar para recargar pilas.
     Astudillo está a escasos kilómetros del complejo eólico, al menos de la parte que afecta a su término municipal, porque en este entorno del río Pisuerga, entre las provincias de Burgos y Palencia, hay siete parques eólicos, con una potencia total de 253,45 Megavatios (MW) producidos por los 236 aerogeneradores. Con esta gran instalación se consigue una producción suficiente para poder abastecer a unos 93.000 hogares al año, el equivalente a las ciudades de Palencia y Burgos juntas. Datos abrumadores que ayudan a transmitir la sensación que uno siente estando en el interior de este complejo, que mire para donde mire, está rodeado de inmensas torres y ágiles palas surcando el viento, nunca mejor dicho.

La conservación del Medio Ambiente es una prioridad
      En este inmenso complejo los aerogeneradores predominantes son las máquinas Gamesa de 55 metros de altura de torre y 58 metros de diámetro de rotor, con una capacidad de generación de 850 Kw. Aunque también hay varios aerogeneradores de 75 metros de altura de torre y hasta de 100 metros de 2.000 Kw, siendo el techo del complejo, elevándose imponente en la llanura.
     Alberto Moreno es el responsable regional de operación y mantenimiento de Castilla y León, un hombre que conoce a la perfección cómo funcionan las tripas de estas colosales máquinas. "Los aerogeneradores arrancan a partir de 3 metros por segundo y sólo se paran si el viento llega a 25 metros por segundo, que son casi 90 kilómetros por hora, que se consideran vientos huracanados. Son capaces de producir a partir de muy poco viento, con muy poca fuerza ya se hacen rentables".


Personal de Iberdrola visita el parque eólico

El mecanismo del aerogenerador está completamente automatizado, "en caso de que la velocidad del viento sobrepase el límite, la máquina se detiene sola, gira la pala sobre su eje, las tres a la vez, y eso hace de freno". Esa misma inteligencia artificial sirve también para ir aumentando el rendimiento a medida que sube la fuerza del viento, "porque a partir de 11 metros por segundo va metiendo pala, y así coge velocidad. Todo eso está automatizado, para conseguir que genere 690 voltios, pero en la frecuencia de 50 hercios, frecuencia industrial".
     En la parte superior se encuentra la multiplicadora, que consigue incrementar las revoluciones a las que se mueven las palas para adaptar la velocidad y así la producción de energía. Abajo está el transformador y desde él la energía va, de manera subterránea, hasta la subestación, donde el zumbido es intenso y permite percibir el inmenso tránsito energético de la alta tensión.

Centro de operaciones
     Todos los parques eólicos de Iberdrola en el mundo están controlados 24 horas al día desde el Centro de Operación de Renovables en Toledo. Pero en el complejo de Astudillo también hay un punto de control más directo. "Desde los ordenadores se ven todos los datos que generan las máquinas, el nivel al que está produciendo, la velocidad del viento… también toda la información relativa con el mantenimiento, alarmas para cualquier problema, se puede bloquear, parar, todas las acciones desde un ordenador", comenta Alberto Moreno.
     Y como no podía faltar en algo relacionado con la electricidad, en este centro de control junto a la subestación están los contadores, "que son lo más importante, porque si no funcionan no se gana nada", añade entre bromas Alberto Moreno.

Futuro asegurado

     El complejo eólico Carrasquillos es uno de los tres más grandes de España instalados por Iberdrola y el más grande de Castilla y León. La energía eólica goza de una gran salud en esta Comunidad Autónoma, la que cuenta con más potencia eólica instalada de todo el país y donde "el año pasado se superaron los 5.500 Megavatios, lo que supone el 25 por ciento de todo lo que se produjo en España", explica Fernando Martínez Riaza, director de energías renovables de Iberdrola en Castilla y León. De la producción regional, el "27 por ciento pertenece a Iberdrola".

Fernando Martínez Riaza. Director de energías renovables de Iberdrola
     Para llegar a esas cifras, Iberdrola ha invertido en los últimos diez años 1.600 millones de euros en Castilla y León. La energía eólica crece en Castilla y León pero también en el resto del país, para permitir que España se haya situado en segunda posición en potencia eólica después de Alemania. "Ha sido una de las industrias que en muy poco tiempo más ha crecido".
     La eólica es la energía renovable que más potencia tiene instalada en España, "estamos hablando de cerca de 24.000 Megavatios instalados y en funcionamiento, mientras que, aproximadamente,  en fotovoltaica hay 6.000 y en termosolar 3.000. Además es la más barata y rentable, el Megavatio eólico se paga a unos 80 euros y el termosolar a unos 420. La apuesta tiene que ir por ese camino, claramente", concluye el director de energías renovables de Iberdrola en Castilla y León.



Subestación de Astudilloo
Vista aérea de central térmica
Los beneficios de la eólica son casi innumerables. El Kilovatio hora producido por la energía eólica supone un impacto ambiental 26 veces menor que el generado por el carbón, 21 veces más bajo que el petróleo, 10 veces inferior a la energía nuclear y 5 veces menos que el gas.
     “Todo ello hace que sea una energía en constante crecimiento. En abril la eólica cubrió un 50 por ciento de toda la energía producida en España. Pero siempre tiene que haber una fuente de respaldo, porque hay épocas del año en las que no se produce por la dependencia del viento, obviamente", puntualiza Martínez.
     Hace lustros, la población aún era reacia a la energía eólica, no al producto final, sino a la forma de conseguirla, al "impacto" que se entendía generaban los aerogeneradores en el paisaje y al posible daño que le hicieran a la fauna de la zona. Sin embargo, "ahora la gente ya se ha dado cuenta que se genera riqueza para los pueblos, que hay estudios previos exhaustivos para demostrar que no se va a hacer daño a la flora y la fauna de la zona, que no afecta tampoco a las migraciones de las aves; además, los animales se adaptan con facilidad y hay que tener siempre presente que así producimos una energía limpia", destaca Martínez.

Fabrica de torres para los aerogeneradores
     Aquella cierta desconfianza hacia la energía eólica se ha transformado en lo contrario, en que la mayoría de vecinos y alcaldes vean los parques eólicos como un auténtico maná, como una manera de revitalizar y revalorizar su pueblo.
 "El beneficio a la hora de ayudar a fijar población en el medio rural es muy notable, no sólo por lo que se paga a los Ayuntamientos y a los propietarios de las tierras donde se instalan los aerogeneradores, sino que además siempre se intenta dar trabajo a la gente de la zona, y eso es un factor muy positivo a tener en cuenta también", explica Fernando Martínez.
En concreto, en el complejo de Carrasquillos hay 14 trabajadores de Iberdrola, 30 de otras contratas, además de los que tienen trabajo de manera recurrente para hacer las revisiones y las operaciones de mantenimiento.
     Quizá todos estos beneficios y amabilidad que desprende la energía eólica hiciesen desistir a Don Quijote, y en vez de gigantes, el Ingenioso Hidalgo viese también la riqueza que flota en el viento junto a las imponentes máquinas.



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